Chimbote 14 de junio de 1960.- Por varios años, los chimbotanos hemos contemplado el monolito que se levantaba en el lado derecho del ingreso norte, al puente “José Gálvez” de nuestro puerto, enhiesto, altivo, acusador; porque su presencia era eso, un perenne recordatorio de aquella gesta laboral, donde las balas de la represión cegaron la vida de Roberto Pajuelo Melgar, Santiago Reyes Encarnación, Luis Obeso Cayetano y Ezequiel Pereda Mantilla, sin contar los heridos que quedaron luego de esa criminal refriega propiciada por las fuerzas del orden, las que supuestamente están para cuidar y proteger a la ciudadanía, pero que en nuestro país como en muchos de Sudamérica, las armas que esgrimen siempre apuntan fratricidas contra el pueblo.

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Foto: Internet/Medios

Esta violación de los derechos humanos y de los peruanos en particular, es desde hace mucho, la forma de acallar a quiénes osen reclamar sus derechos; la historia laboral en nuestro país, esta escrita en los distintos gobiernos con derramamiento de sangre y pérdida de vidas humanas, como un tributo que el pueblo paga, para lograr comer pan con dignidad. El monumento en referencia, fue erigido al principio de la década del setenta (1961-70), como homenaje a los cuatro mártires, que cayeron abatidos justo en ese lugar.

Ubiquémonos en el escenario de esa tragedia: Chimbote junio de 1960… La población porteña respiraba intranquilidad, los trabajadores siderúrgicos desarrollaban su primera huelga general indefinida, cuyo desarrollo, alteraba y modificaba la vida de la ciudad; sin embargo, convencidos que les asistía la razón a los hombres del acero, Chimbote los apoyaba y expresaba opinión favorable.

Pasaban los días, y la empresa SOGESA no cedía en su determinación de no discutir el pliego de reclamos de ese año, desconociendo incluso, el primer convenio firmado el 30 de junio de 1959, donde figuraba el aumento por costo de vida, aceptado de mutuo acuerdo entre Empresa y Sindicato, y que a la letra decía en la cláusula segunda numeral “d) El costo de vida se calculará cada primero de febrero, teniendo en cuenta las cifras que acuse la Dirección Nacional de Estadísticas, a razón de 5% por cada diez puntos.

El año base es el de 1958…”; esta actitud de la empresa, analizada en asamblea general, fue calificada como una mofa y falta de respeto a la clase trabajadora, por lo que se decidió iniciar en la segunda quincena de mayo una huelga general… La llama votiva, de la industria siderúrgica se apagaba por vez primera y el cielo de Chimbote, con trazas de luces, nos mostraba una pintura abstracta de indefinida interrogación.

Se vivían los primeros días del mes de junio de 1960, la Empresa SOGESA no cedía, se mantenía intransigente y se negaba a resolver la controversia, evidenciándose cierta arrogancia en el trato de quién se cree superior o como dicen los viejos porteños “con la sartén por el mango”; pretendía acaso, al dilatar la solución de la huelga, doblegar la moral combativa de los siderúrgicos, agotándolos económicamente y venciéndolos por falta de recursos para seguir manteniendo su postura.

A esa altura de la medida, también confiaban que el desaliento traducido en “amarillaje”, propiciaría la ruptura de la huelga con el retorno en estampida de los siderúrgicos vencidos; su invidencia e insensibilidad los hacía alucinar una derrota que estaba muy lejos de ocurrir, su ceguera no les permitía ver el cordón umbilical que unía al pueblo chimbotano y los trabajadores siderúrgicos… mentes lúcidas y perspicaces de los hombres del acero, rápidamente establecieron que esa actitud displicente estaba diseñada y respaldada desde el mismo gobierno, por lo que consideraron que había que dar respuestas más contundentes, ya no eran suficientes, las marchas aisladas de los siderúrgicos por las calles del puerto haciendo escuchar su razón y su protesta.

Gobernaba el país por entonces, en segundo período no consecutivo don Manuel Ignacio Prado Ugarteche (1956-62), quién había llegado a palacio gracias a su alianza con el APRA, partido liderado por Víctor Raúl Haya de la Torre y que a la sazón se encontraba proscrito… por cuyo motivo, a ese gobierno se le conoció como “el Gobierno de la Convivencia”, por sus “amarres” y “enjuagues” políticos, efectuados con diferentes personalidades en un clima de agitación debido a la crisis económica cada vez más extrema, lo que motivó una férrea oposición del partido “Acción Popular” liderado por el arquitecto Fernando Belaunde Terry, y por parte de los diarios “El Comercio” y “La Prensa”; sin embargo, con gran capacidad de maniobra política, el presidente Prado como anotamos, convocó a diferentes personalidades políticas, a fin de estabilizar su gobierno, entre ellas, al liberal Pedro Beltrán Espantoso, director del diario “La Prensa”, quién de ser su acendrado opositor y crítico, pasó a ser su aliado, con el cargo de Ministro de Hacienda y presidente del Consejo de Ministros.

Para superar el estado complicado del Gobierno, Beltrán, tomó una serie de medidas, cuyas consecuencias las sufrió como siempre el pueblo que se debatía en la miseria. El descontento popular, era innegable, las huelgas y protestas menudeaban, la entidad gubernamental las acallaba de manera cruenta.

En nuestro puerto, la pretendida burla y escamoteo de los derechos reclamados por los siderúrgicos, estaba propiciando una de las unidades más hermosas y significativas que se recuerde en la provincia del Santa, y que años después, se reeditaron una y otra vez en las diferentes huelgas que le cupo asumir a los hombres del acero; pronto el gobierno y los directivos de la empresa SOGESA, sentirían el poder del “Poder Popular”… el estimado débil y solitario Sindicato de Obreros Siderúrgicos, se tornaría poderoso al concurrir en su apoyo sus hermanos de clase y el pueblo de Chimbote… hecho que los obligaría a sentarse en la mesa de negociaciones, para resolver el problema que habían generado.

En decisión inteligente, los directivos del sindicato de los hombres del acero, buscaron y convocaron el apoyo y solidaridad de las fuerzas sindicales de la provincia del Santa, los primeros en responder fueron los bancarios, mediante su Centro Federado de Chimbote, quiénes proponen un paro de 24 horas, decisión a la que se suma, el Sindicato de Empleados de SOGESA.

Después, el apoyo solidario a la huelga indefinida de los obreros siderúrgicos se generaliza, sobre todo, teniéndose en cuenta, que 19 obreros se encontraban en huelga de hambre, lo que motiva que los sindicatos agrupados en la Unión Sindical Provincial del Santa (hoy FESIDETA) consideraran de urgencia, el paro provincial; y es así, que de inmediato los sindicatos de conserveros y harineros de pescado, los hoteleros, los de la Corporación Peruana del Santa, los campesinos de Tambo Real, Rinconada, Suchimán y San Jacinto, decretan el día 10 un paro de 24 horas para el 14 de junio de 1960.

Considerando que el fin de la Primera Huelga General Indefinida de los Obreros Siderúrgicos, no podía posponerse más, programando una gran movilización de trabajadores, acompañados de sus esposas.

Ese 14 de junio quedaría marcado como histórico, tal como lo decidió la entidad matriz, los sindicatos y el pueblo de Chimbote, se movilizaron expresando en las calles su solidaridad activa con los siderúrgicos en huelga, miles de bancarios, conserveros, hoteleros, pescadores, campesinos, encabezados por los siderúrgicos y sus esposas en una marcha de por si imponente, no sólo por la convocatoria, sino por el número que cubría varias cuadras “de bote a bote”, expresaban con su presencia y viva voz, su exigencia.

A pesar de lo gigantesca, toda la marcha transcurrió dentro de un orden aceptable y después de escuchar y de hacer escuchar a las autoridades la palabra de los dirigentes en la Plaza de Armas, se decidió el retorno en forma ordenada al local sindical de los siderúrgicos.

La algarabía por el éxito de la medida era evidente, el paro provincial había sido contundente, nada se había movido en la provincia de Santa. La marcha retornaba por la avenida Gálvez, pronto comenzaron ascender el Puente José Gálvez rumbo al local sindical, quiénes marchaban a la cabeza, no sospechaban que un chacal “loco”, sediento de sangre, los esperaba agazapado para clavarles sus feroces fauces.

Sólo faltaba una cuadra, cuando de pronto, en 5 esquinas, donde el jirón Manuel Ruiz y Gálvez se cruzan, apareció de improviso para impedirles el paso, las fuerzas policiales al mando de un oficial de apellido Merino, provocando un enfrentamiento innecesario y desigual, los guardias civiles con armas de fuego y los manifestantes con la fuerza de su unidad y solidaridad.

En ese enfrentamiento desigual, caen abatidos por las balas: Roberto Pajuelo Melgar, Santiago Reyes Encarnación, Luis Obeso Cayetano y Ezequiel Pereda Mantilla, 4 hijos del pueblo y muchos heridos. Este lamentable hecho no amilanó a la gran masa de manifestantes, más bien los acicateó para retomar la protesta con mucho coraje y arrojo, retornando al centro de la ciudad en una turba desbocada… a su paso, dieron vuelta a algunos vehículos y les prendieron fuego. Tuvo que suceder estos cruentos hechos para que la Empresa se sentara a tratar con la comisión esa misma tarde, en la ciudad de Lima.

Luego de un breve intercambio de opiniones, la representación de Sogesa, aceptó otorgar el aumento por costo de vida, y discutir los puntos de condiciones de trabajo contenidos en el pliego de reclamos; consecuentemente, la representación sindical acepta levantar la huelga el 16 de Junio de 1960, pero la reincorporación al trabajo se efectuaría el 17 de Junio, después del entierro de los caídos en la histórica jornada de lucha.

Firmaron el acta, del acuerdo final, por SOGESA: Dr. Andrés Aramburú, Sr. Juan Manrique de Lara, Dr. Carlos Antúnez de Mayolo, por el SINDICATO firman: Dagofredo Lara Melgarejo – Secretario General, Federico Kisijara –Secretario de Defensa, Orestes Coral – Presidente Comisión de Pliego, Alejandro Tirado – Secretario de la Comisión, Manuel Loayza – Vocal. De la Comisión, Mario Gordon – Vocal. De la Comisión y Anatolio Cadillo – Delegado Hidroléctrica Huallanca.

Al recordar esa gloriosa gesta, quiero expresar mi reconocimiento al bravo pueblo de Chimbote, cuyo apoyo y solidaridad siempre fueron determinantes en las luchas laborales de la clase obrera de nuestro puerto, haciendo respetar con su presencia, el sagrado derecho de comer el pan de la dignidad y justicia.

Igualmente, con esta crónica, para solicitar a la gloriosa FESIDETA, interponer sus buenos oficios, para reponer en el lugar que siempre debió estar, el monolito en homenaje a los mártires obreros que se inmolaron aquel lejano 14 de junio de 1960. Gloria eterna, para ellos.

(*)1.- Mi profundo agradecimiento, a mis amigos: Almagro Gil Suárez, ex dirigente del glorioso Sindicato de Obreros Siderúrgicos de Chimbote y Miguel Koo Chia, con cuyas precisiones, completé está crónica que permanecía inédita hace varios años.
Crédito Foto: Foto tomada de internet.
Chimbote, 14 de junio de 2000
Archivo BITÁCORA 13 (15.06.2000) Chimbote
*Este artículo fue publicado originalmente en Facebook el 10 de Junio de 2016

Escrito por Hugo Tafur Julca
 
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